Liposucción de cuello y papada

El cuello y la papada, junto con la cara, son lo primero en lo que nos fijamos de una persona cuando la vemos por primera vez. Un exceso de grasa en esta zona suele dar a la persona un aspecto de sobrepeso.

Con la liposucción de cuello y papada, se extrae el exceso de grasa situado debajo de la barbilla. De esta forma, el efecto de papada desaparece.

Se trata de una de las cirugías estéticas con un efecto estético más evidente. Gracias a ella, conseguirás unos resultados extraordinarios.

 ¿Quién puede hacerse una liposucción de cuello y papada?

Cualquier persona que tenga grasa acumulada debajo de la barbilla y no consiga eliminarla combinando la dieta y el ejercicio es candidata a someterse a esta cirugía.

El paciente debe tener una piel sana y elástica para que se pueda adaptar fácilmente al nuevo contorno. También es preciso que cuente con un buen estado de salud  y que no se haya sometido anteriormente a ninguna cirugía en la zona del cuello.

 ¿Qué hay que hacer antes de la operación?

En la consulta previa, se te hará un examen médico para evaluar tu estado de salud. Es necesario que informes a tu cirujano en caso de ser fumador. Si tomas algún medicamento, también deberás hacérselo saber.

El médico te dará una serie de indicaciones que deberás cumplir para minimizar el riesgo de complicaciones durante y después de la operación y facilitar el proceso de cicatrización.

 ¿En qué consiste la cirugía?

Se trata de una operación sencilla que se realizará con anestesia local. El proceso es muy similar a cualquier otro tipo de liposucción.

En primer lugar, el cirujano plástico hará una pequeña incisión debajo de la barbilla. Seguidamente, con la ayuda de una pequeña cánula diseñada para este tipo de intervenciones, procederá a despegar y succionar la grasa.

 ¿Cómo estaré después de la intervención?

La incisión, que será de un tamaño minúsculo, dejará una cicatriz casi inexistente. Es posible que sientas molestias en la zona tratada durante los primeros días, aunque generarán más incomodidad que dolor real.

Tras la intervención, tendrás que llevar una faja compresiva durante un mes para que los tejidos cicatricen correctamente. Por lo demás, podrás trabajar a los cinco días y a las dos semanas ya podrás realizar vida normal.

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